Uno, dos, tres.
Tuerca. Tres vuelta de tuerca.
Hay algo que tenemos que ajustar.
Giremos a un lado, despacio.
Imperceptiblemente.
Desliz peculiar de una noche de primavera ciega.
Hálito de una mecánica sencilla y particular.
Tuerca. Tres vuelta de tuerca.
Desarmemos la figura geométrica y racional que he formado
en la fábrica de mi inconsciencia.
Sé que si lo hago, tendré que clavar
once clavos en tu calma, sin consentimiento
ni intención alguna.
¿Recuerdas que he trazado con
un trozo de tiza y esa cinta métrica
una línea perpendicular entre tú,
él y yo?
Si hemos de clasificarlo
podría decirte que es rectángulo,
igual para una de las partes, desigual
hacia un extremo.
Aunque, atento
ni quieras ni oses inclinarte
hacia el ángulo del vértice opuesto.
Esculpo en tu mente un tornillito,
lo ajusto a mi manera,
martillo, martillo, martillo.
Y sin querer
¿sin querer?
te acomodo un pensamiento desperfecto.
Extráeme con las pinzas de tu inocencia
un sorbito de mi dulzura
y drénala poco a poco E
cual combustible de tu progreso,
y por qué no róbame un beso
que me desarme el alma.
domingo, 1 de noviembre de 2009
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